La Casa que el Concilio 18 Construyó
Por Clyde Weiss
Ellos ayudaron a elegir un gobernador, entonces reconquistaron el derecho a negociar colectivamente. Ahora los empleados del Estado de Nuevo México están a punto de ganar su primer contrato en casi cinco años.
ALBUQUERQUE, NUEVO MÉXICO
Sonoras ovaciones y aplausos llenaron el aire el pasado 7 de marzo durante una ceremonia de firma de proyectos de ley dentro del edificio "La Casa Redonda," como se le llama al Capitolio del Estado de Nuevo México. El recién electo Gobernador Bill Richardson (D) estaba cumpliendo con un compromiso de su campaña — y un objetivo por mucho tiempo anhelado por AFSCME — la restauración de derechos de la contratación colectiva para 11,000 empleados del estado.
Para el Concilio 18, esta fue una victoria especialmente dulce, después de un largo, difícil y finalmente satisfactorio viaje de regreso a lo que el Presidente McEntee llamó "la mesa." Después que la Unión Internacional tomó control del concilio, nuevos líderes y activistas establecieron metas ambiciosas — conjuntamente con un sólido plan para lograr las mismas. En el proceso, ellos rápidamente convirtieron su concilio en una potente fuerza política y una maquinaria organizativa bien engrasada.
Cuando la ley de negociación colectiva del estado fue adoptada en 1992, la misma tenia en su seno un gran falta — una cláusula llamada de "puesta del sol," la cual permitía que la ley expirara en 1999. A principios de 2002, el recién renovado concilio comenzó con ahínco a establecer sus prioridades: la rápida restauración de la unión a una buena salud interna y convertir el concilio en una potente fuerza política que pudiera elegir a Richardson como gobernador, restaurar la negociación colectiva y crear una agresiva campaña de organización a nivel de base que pudiera aprovecharse del nuevo ley y edificar una fuerte unión que pueda mejorar los servicios estatales y las vidas de los trabajadores.
El Concilio 18 sabía que la Máquina Verde seria esencial para que el movimiento laboral pudiera lograr el alcance de sus metas del año 2002. El Concilio se movilizó hacia el campo político proclamando que cada miércoles de noche seria una "Noche de AFSCME" en las oficinas de la campaña de Richardson por todo el estado. En esas noches, voluntarios del Concilio 18 trabajaron en los bancos telefónicos, llenaron sobres — hicieron lo que fuera necesario.
"Después de ocho años bajo una administración anti-unión, nuestros miembros estaban muy excitados con la elección de Richardson ya que él es un verdadero candidato pro-trabajador," dice el Administrador Cuauhtemoc "Temo" Figueroa. "Su campaña fue sobre nuestros temas."
EL ACTIVISMO PRENDE FUEGO. Un gran número de activistas de camisas verdes comenzaron a presentarse los miércoles. Las uniones locales especialmente innovadoras comenzaron a celebrar sus reuniones sindicales en las mismas noches para acrecentar la presencia de miembros durante actividades de la campaña. La Unión Internacional donó fondos para que unos 12 activistas voluntarios pudieran ausentarse de sus empleos para trabajar en la educación y movilización de los miembros en general.
Uno de los activistas era Robert Sánchez, ahora presidente de la Unión Local 624, la cual representa a los obreros de la ciudad de Albuquerque. Aunque este chofer de camiones de desperdicios sólido había trabajado en otras campañas locales, esta fue su primer campaña para elección de un gobernador. Fijando letreros, haciendo llamadas telefónicas, tocando en puertas, distribuyendo panfletos, ayudando a organizar mítines — inclusive preparando comidas — fueron tareas en las cuales él prestó sus servicios voluntarios con gran entusiasmo debido a la crítica importancia de esta campaña.
A medida que el día de la elección se aproximaba, voluntarios de AFSCME trabajaron en diversas localidades a través del estado. Los voluntarios generaron no solamente votos pero también crearon gran energía a favor de otros candidatos a puestos públicos. Richardson fue elegido con un 55 por ciento del voto.
¿GANAMOS — Y AHORA QUE? El concilio entonces comenzó un esfuerzo de dos frentes para orientar el activismo de los miembros hacia el fortalecimiento de la unión y la restauración de la negociación colectiva. Los empleados del estado formaron comités de organización para diseminar el mensaje: Estamos dedicados a construir una fuerte y activista unión que tenga apoyo mayoritario, a conseguir el derecho de negociación colectiva y un buen contrato que mejore los salarios y beneficios, a la misma vez que resuelva problemas en el sitio de trabajo.
Diez activistas del Concilio 18 vinieron a Santa Fe para realizar cabildeo durante una semana ante la Legislatura — dominada por los Demócratas. Melinda Domínguez, una examinadora de impuestos, les dijo a los legisladores que la moral de sus colegas trabajadores estaba muy baja "porque ellos no estaban recibiendo aumentos de salarios o beneficios, y que el costo de nuestra prima del seguro para la salud estaba por los cielos." En marzo, sus esfuerzos de cabildeo tuvieron éxito: El Senado y la Cámara aprobaron un proyecto de ley sobre contratación colectiva, y el gobernador firmó el proyecto con gran entusiasmo.
La campaña de organización de Concilio 18 comenzó aun antes de la promulgación de la ley y fue acelerada inmediatamente después. El concilio adoptó una ambiciosa meta de obtener una mayoría de la membresía en la unidad de contratación ya estipulada para el mes de julio — solo cuatro meses después que la ley fuera promulgada. Empujando con vigor, de la misma manera que habían hecho para elegir el gobernador y restaurar los derechos de contratación colectiva, el nuevo liderato de la unión y dedicados activistas lograron esa meta. En julio el concilio presentó tarjetas de membresía a más de 50 por ciento de la fuerza laboral en 13 agencias, por lo tanto logrando el reconocimiento sindical para 7,000 empleados del estado.
El Concilio 18 ha doblado su membresía en los últimos dos años, y está ahora enfocando sus esfuerzos en otras agencias estatales y gobiernos locales para continuar sus metas de organización. El concilio ahora agrupa a 15 uniones locales con fuerte liderato en todas las ciudades más grandes del estado de Nuevo México. Una clave al crecimiento: En el Concilio 18, cada persona es un organizador.
