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Capítulo VII: Reseña histórica de AFSCME

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La lucha de los funcionarios de la administración pública. En 1932, durante la peor depresión económica de la historia del país, un grupo pequeño de empleados profesionales estatales se reunió en Madison, Wisconsin, y formó la Asociación de Empleados Administrativos, de Oficina, Fiscales y Técnicos del Estado de Wisconsin (que poco después se convirtió en la Asociación de Empleados Estatales de Wisconsin, conocida por las siglas WSEA).

El líder del grupo, Cnel. A.E. Garey, era el director del sistema de la administración pública del estado. El motivo de la creación del grupo era muy simple: la supervivencia. Los empleados estatales de Wisconsin eran contratados sobre la base de concursos para la administración pública y existía el temor legítimo de que los políticos estatales trataran de volver a un sistema de prebendas o favores políticos.

En las elecciones de noviembre de 1932, los demócratas de Wisconsin se aprovecharon del éxito de Franklin D. Roosevelt y salieron elegidos. Tal como se temía, en enero de 1933 un senador demócrata presentó un proyecto de ley en la legislatura estatal para desmantelar el sistema de la administración pública del estado.

La WSEA pidió ayuda a la Confederación Norteamericana del Trabajo (AFL) y se convirtió en una organización local de la AFL. Se celebraron reuniones, se organizaron marchas y manifestaciones, y tras mucho presionar los dirigentes de la WSEA lograron que se rechazara el proyecto de ley, salvando así el sistema de la administración pública.

De esa forma, la WSEA pasó a figurar en el movimiento sindical estadounidense. Arnold Zander, examinador de empleados estatales, se convirtió en el motor del grupo. Zander propugnaba la idea de un sindicato nacional de empleados estatales, de condado y municipales. En 1935 ya se habían formado asociaciones de empleados estatales en varios estados.

En la convención de la AFL de mayo de 1935, el sindicato nacional de Zander (que ya se llamaba Federación Estadounidense de Empleados Estatales, de Condado y Municipales) se convirtió en un “departamento” de la Federación Estadounidense de Empleados del Gobierno (AFGE). Sin embargo, Zander y otros dirigentes de AFSCME, que querían plena independencia, no quedaron satisfechos con este arreglo, y 16 meses después, en septiembre de 1936, los funcionarios de AFGE recomendaron que la AFL otorgara a AFSCME un acta de afiliación separada. Así ocurrió, y Zander fue elegido primer Presidente Internacional de AFSCME.

Al principio, el crecimiento no fue fácil. Era un sindicato de empleados públicos que navegaba por mares ignotos, sin pautas ni antecedentes que lo guiaran. La táctica primordial del sindicato consistía en presionar para que se promulgaran o fortalecieran leyes de la administración pública. A fines de 1936, AFSCME tenía 10.000 afiliados; diez años más tarde, 73.000.

En 1945 terminó la Segunda Guerra Mundial. La posguerra se caracterizó por inflación en el sector privado (puestos de trabajo nuevos, sueldos más altos) e intranquilidad entre los empleados públicos. Hubo varias huelgas de empleados municipales. La reacción frente al descontento fue rápida, y a fines de 1947 se habían promulgado leyes en ocho estados que contemplaban sanciones para los empleados públicos que se plegaran a huelgas. Ese mismo año, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley Taft-Hartley, que restringía la actividad sindical en la industria privada. A pesar de esta oposición, AFSCME continuó creciendo. En 1955, año de la fusión de la AFL y el CIO, los afiliados superaron la marca de los 100.000. La actitud de los afiliados a AFSCME también fue cambiando en esa época. Muchos de los afiliados nuevos provenían de grandes ciudades con raíces y tradiciones sindicales sólidas. En las convenciones de mediados y fines de los años cincuenta, los afiliados a AFSCME comenzaron a insistir en los derechos de los empleados públicos y en la contratación colectiva para mejorar las condiciones de trabajo. En 1958, frente a las presiones de AFSCME, Robert Wagner, alcalde de Nueva York, firmó una ordenanza por la cual se otorgó el derecho de contratación colectiva a los sindicatos que representaban a los empleados de la ciudad. Se había llegado a un momento crucial.

Las negociaciones por los derechos. La meta de la contratación colectiva se convirtió en el motor de AFSCME. En Nueva York, el Consejo de Distrito No 37 aprovechó la oportunidad que le presentó la ordenanza del alcalde Wagner. Bajo la dirección de Jerry Wurf, AFSCME comenzó a ganar elecciones y se convirtió en el sindicato de empleados públicos más fuerte de la ciudad.

En 1961, el presidente John Kennedy promulgó la Orden 10988 del Poder Ejecutivo, que dio legitimidad a la contratación colectiva de empleados del gobierno federal y ayudó a crear un clima propicio para peticiones similares de todos los empleados públicos.

En la convención de AFSCME de 1964, Jerry Wurf, director del Consejo de Distrito No. 37, fue elegido Presidente Internacional. En su plataforma electoral, Wurf propugnaba una labor más intensa de organización, el derecho de contratación colectiva de los empleados públicos, y la reforma y democratización del sindicato. Un año después, en una convención especial se modificó la constitución de AFSCME y se incluyó una “Declaración de derechos” de los afiliados, la primera de su género en el movimiento sindical de Estados Unidos. AFSCME comenzó a propugnar leyes de contratación colectiva en los estados de todo el país. A fines de 1965, en varios estados se habían promulgado leyes de ese tipo, y el número de afiliados superaba los 250.000. AFSCME y otros sindicatos tuvieron un éxito notable en la mesa de negociaciones. Consiguieron mejoras en el nivel de vida que excedían en gran medida las obtenidas por los trabajadores que no estaban afiliados a sindicatos.

Los militantes exigen respeto. A mediados de los años sesenta, la sociedad estadounidense en conjunto estaba despojándose de sus inhibiciones. Los cambios que exigían los militantes fueron ganado aceptación. Los estudiantes y los defensores de los derechos civiles en el Sur tomaron la delantera y muchos otros grupos les siguieron. AFSCME no fue una excepción. Tanto dirigentes como afiliados exigían el derecho de contratación colectiva para los empleados públicos. En una ciudad tras otra, los afiliados a AFSCME se movilizaron para que su sindicato fuera reconocido. Frente al pedido insistente de un tratamiento justo y equitativo lanzado por el sindicato, en varios estados se promulgaron leyes generales de contratación colectiva.

Durante ese período, la lucha de AFSCME se vinculó a la del movimiento de defensa de los derechos civiles. Esta alianza culminó en Memphis, Tennessee, en 1968, cuando los empleados negros de los servicios de saneamiento hicieron huelga en pro del reconocimiento del sindicato y en contra de las prácticas discriminatorias de la ciudad. El Dr. Martin Luther King, Jr., viajó a Memphis para apoyar la huelga. Sólo después de su asesinato la ciudad reconoció al sindicato local No. 1733 de AFSCME.

La militancia ayudó a AFSCME a crecer, pero a medida que se acercaba el fin de la década de 1960, las reivindicaciones de los afiliados a AFSCME fueron recibidas con resistencia creciente por los empleadores. Se necesitaban estrategias nuevas.

El poder por medio de la acción política. AFSCME intensificó la acción política por dos motivos: para ayudar a organizar a los afiliados nuevos y para aumentar la influencia del sindicato. Durante las dos décadas siguientes, AFSCME puso en práctica lo que había aprendido en el curso de varios años de trato con las legislaturas estatales. En los años setenta se formó el Comité de Acción Política (PEOPLE), que actualmente es uno de los más grandes de Estados Unidos. En todo el país y en todos los niveles del gobierno, los candidatos a cargos públicos se percataron de que tenían que prestar atención a la influencia de AFSCME en la política.

Alifiados a AFSCME

En el plazo de diez años se incorporaron más de 400.000 afiliados a AFSCME; en 1975, el total ascendía a 680.000. Incluso frente a la embestida violenta contra los empleados públicos (encabezada en los años ochenta por el presidente Ronald Reagan), los candidatos apoyados por AFSCME salieron elegidos y el sindicato contribuyó a la aprobación de leyes en defensa de los derechos de los afiliados.

Durante ese período, AFSCME tuvo también un éxito fenomenal con la afiliación de asociaciones independientes de empleados públicos. Casi 60 asociaciones que representan a más de 450.000 afiliados se unieron a la familia de AFSCME mediante afiliación o fusión. Con la afiliación en 1978 de la Asociación de Empleados de la Administración Pública de Nueva York, el número de afiliados a AFSCME superó la marca de un millón.

En septiembre de 1981, la AFL-CIO organizó el Día de la Solidaridad, con una manifestación masiva en la capital del país para exigir que los trabajadores estadounidenses fueran tratados con justicia. A la cabeza de la manifestación había una delegación de 60.000 afiliados a AFSCME, la mayor de todos los sindicatos.

El Día de la Solidaridad fue la última vez que Jerry Wurf apareció en público, ya que falleció en diciembre de 1981 tras una larga enfermedad. La Junta Ejecutiva de AFSCME Internacional, en sesión extraordinaria, eligió a Gerald W. McEntee tercer presidente del sindicato. McEntee había dirigido una campaña fructífera de organización en Pensilvania a principios de los años setenta y había sido director del Consejo 13 de Pensilvania.

En 1990, el número de afiliados a AFSCME pasó la marca de 1.200.000, y desde entonces la fuerza del sindicato y el número de afiliados han continuado aumentando. AFSCME se ha convertido en una voz poderosa sobre asuntos políticos y sociales de alcance nacional, así como sobre las preocupaciones básicas de los empleados públicos. Las opiniones del Presidente Gerald McEntee y del Secretario y Tesorero William Lucy, que fue elegido por primera vez para ocupar el cargo en 1972, influyen en el debate sobre los problemas de los trabajadores estadounidenses.

Los desafíos que tenemos por delante. En el transcurso de sesenta años, en su batalla constante por la dignidad y el respeto de los empleados públicos, los dirigentes de AFSCME han hecho frente a la adversidad y a la oposición de los empleadores, y han logrado adaptar el sindicato a los cambios en las circunstancias. El sindicato comenzó como un intento de salvar puestos de trabajo en la administración pública. Prosperó al abrazar la causa de la “contratación colectiva de los empleados públicos”. Después pasó por un período de militancia en pro del respeto y la igualdad de los afiliados a AFSCME. Finalmente, a fin de robustecer su capacidad para organizar a los afiliados nuevos y luchar por los derechos de los empleados públicos, AFSCME anunció su entrada en la contienda política, con grandes repercusiones.

Durante toda la historia del sindicato, los dirigentes de AFSCME han hecho frente en forma innovadora y creativa a los numerosos desafíos que se interpusieron en su camino. En consecuencia, AFSCME no sólo sobrevive en un mundo que cambia constantemente, sino que prospera. Los desafíos que tenemos por delante son igualmente o incluso más imponentes. Estamos convencidos de que nuestro sindicato continuará por el camino del éxito, impulsado por ideas y enfoques nuevos provenientes de ustedes, los líderes de AFSCME de hoy y de mañana.