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Las uniones están aquí para quedarse

por Lee Saunders  |  30.01.2019

Las uniones están aquí para quedarse Foto de Dave Kreisman

Este mes, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos (BLS, por sus siglas en inglés) informó que el porcentaje de trabajadores sindicalizados disminuyó ligeramente en el transcurso del año pasado, por .2 puntos porcentuales, e incluso el número de empleados sindicalizados de gobiernos locales aumentó. Se trata de una enorme victoria para el movimiento laboral, si se considera cómo empezó el 2018.

Hace un año, los intereses especiales corporativos financiados por multimillonarios y sus aliados celebraban el fin de las uniones laborales. Habían respaldado un caso que llegó a la Suprema Corte llamado Janus v. AFSCME Council 31 y que no era sino un ataque directo en contra de la libertad de los trabajadores a construir poder juntos. Fue la culminación de un esfuerzo que duró décadas, financiado en parte por los hermanos Koch, un esfuerzo por debilitar las uniones laborales, especialmente aquellas como AFSCME que representan a trabajadores en el servicio público.

La corte, como era de esperarse, emitió su fallo en nuestra contra, anulando más de cuatro décadas de ley establecida para convertir al sector público en todo el país en right to work. Muchos supuestos expertos habían redactado nuestro obituario y nuestros adversarios se preparaban para bailar sobre nuestra tumba. Pero sucedió algo curioso: la hemorragia masiva anticipada de miembros de AFSCME nunca se materializó.

Parece que nuestros enemigos subestimaron la lealtad y determinación de los miembros de AFSCME, su deseo de mantenerse unidos. Invertimos estos últimos años en cultivar la lealtad a través de una campaña agresiva de conversaciones individuales para involucrar a los miembros, lo que llamamos organización interna. Al empatizar con los trabajadores y tratarlos como individuos (no sólo como parte de un colectivo) pudimos establecer una conexión poderosa, construir incluso mayor confianza y transmitir el valor que aporta la unión.

Los miembros de AFSCME se resistieron a las mentiras de los intereses especiales porque habían escuchado la verdad: que pertenecer a una unión quiere decir una voz en el lugar de trabajo, una mejor vida para sus familias y mayor vitalidad para sus comunidades. Las cifras publicadas por la BLS lo confirman: los trabajadores que pertenecieron a una unión en 2018 recibieron salarios 22 por ciento más altos que sus contrapartes no sindicalizados.

Sin duda todavía existen retos para AFSCME y para el movimiento laboral. Pero las pruebas del año pasado en vez de desmoralizarnos nos han motivado a ser más fuertes. Enfrentamos una amenaza existencial en 2018 y no sólo sobrevivimos sino que salimos de la batalla con mayor fuerza y unidad.


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