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'¡Gracias a Dios por AFSCME!'

Tras la destrucción de los huracanes, los oficiales de custodia de Louisiana y Texas tuvieron jornadas largas y muy difíciles.

Mientras los huracanes Katrina y Rita inundaban partes de Louisiana y Texas, oficiales de custodia que pertenecen a AFSCME enfrentaron una serie de imperativos poco publicitados, pero de naturaleza casi horrífica: cortar las barreras de las celdas cuyas puertas automáticas no funcionaban por falta de energía eléctrica; transferir prisioneros a otras prisiones por autobús, en largos viajes sin alimentos o servicios sanitarios; custodiar prisioneros violentos sin tener acceso a armas; y hasta esquivar balas en una carretera interestatal.

Todos ellos pertenecen a una de las siguientes uniones locales: 3056, 3686 (Concilio 17 de Louisiana); 3114, 3807, 3921 (Concilio 7 de Texas).

En la prisión Angola en Louisiana, oficiales de custodia tuvieron que alojar a 2,000 prisio-neros evacuados de otras prisiones estatales. Los prisioneros arribaron mojados, sucios y desorientados. "Era una situación muy peligrosa", dice Burl Cain, director de la Prisión Angola. "Tenían mucho calor; algunos fueron evacuados rápidamente y podían haber estado armados; había mosquitos que picaban mucho; las condiciones eran primitivas y desagradables. Pero los oficiales de custodia no se quejaban. Su comportamiento fue eficiente y profesional, digno de su unión". Además, la mayoría de los oficiales de custodia de Louisiana trabajó peligrosos turnos de 20 y 30 horas y lo hicieron sin saber qué condiciones enfrentaban sus propios hogares y sus familias durante el desastre.

"Nuestros oficiales de custodia de AFSCME evacuaron a 7,200 pri-sioneros", dice la supervisora de Angola Shirley Coody. "Equipos de parejas trabajaron 24 horas al día utilizando antorchas para cortar las rejas de las celdas ya que la energía eléctrica no funcionaba; anotando los historiales de los prisioneros con papel y lápiz y transportándolos en botes hacia las salidas de la carretera interestatal, donde eran recogidos por autobuses para traerlos aquí. Mientras nuestra gente montaba guardia sobre los prisioneros que esperaban transporte, fueron baleados por pandillas criminales de la Parroquia de Orleans quienes habían saqueado tiendas de ventas de armas y municiones y las usaban para tirotear los helicópteros y otros 'blancos'".

ANGUSTIA SIN PARADAS. Algunos de los viajes de autobuses para la transferencia de prisioneros cubrieron distancias de unos 1,000 kilómetros. Como no había suficientes oficiales de custodia disponibles, no podían arriesgarse a hacer paradas para comer o usar servicios sanitarios. Así, pues, cuando los prisioneros llegaban a la prisión Angola, había que ofrecerles duchas, darles ropa limpia y alimentación y después colchones para dormir en la capilla y en el gimnasio. Además, fue necesaria una reasignación masiva de celdas. A medida que 2,000 prisioneros llegaban, los oficiales de custodia estaban preparándose para transferir a miles de otros prisioneros a otras localidades a fin de tener mejor control u ofrecer acceso a un cuidado médico centralizado; por ejemplo, mujeres en estado de embarazo fueron transportadas por autobuses a otro centro.

Solamente unas semanas más tarde, el hura-cán Rita afectó aún más a otros oficiales de custodia de AFSCME, esta vez en el este de Texas. Solamente en la ciudad de Beaumont, 420 de ellos presenciaron la destrucción del techo de la prisión, la interrupción de la energía eléctrica y la reducción de la cantidad de alimentos disponibles a un nivel que apenas alcanzaba para alimentar a los prisioneros bajo su cuidado. Muchos de los oficiales de custodia quedaron varados por falta de suficiente gasolina para ir a sus hogares al final de sus turnos y regresar otra vez a las prisiones.

"Dentro de Beaumont, las puertas se habían cerrado detrás de nosotros", dice el oficial de custodia Ray Stewart."Estábamos allí sin poder ir a nuestros hogares, sin teléfonos móviles que funcionaran y sin alimentos. Tuvimos que movernos rápidamente para evacuar a los prisioneros de la unidad dañada.

"Estábamos encerrados junto con los prisioneros pero sin armas, solamente con unos gramos de rociadores de pimienta, sin posibilidades de cerrar las puertas por falta de electricidad y sin luz. Distribuimos varios sanitarios portátiles. El aire era sofocante y maloliente. La gente no pudo bañarse por más de cuatro días y estaba de muy mal humor.

"Además de todo esto, se nos terminaron las reservas de comida para los oficiales de custodia. ¡Gracias a Dios por la ayuda del Concilio 7 de AFSCME! Vinieron con barbacoas, sodas, frijoles asados y ensalada de papas. Ellos nos alimentaron por cuatro días. Sin ellos, no habríamos tenido comida caliente alguna — es más, no habríamos tenido comida de ningún tipo".

EMBARAZADA PERO AYUDANDO. Cerca de 4,000 prisioneros fueron evacuados de Beaumont. Algunos de los oficiales de custodia regresaron a la dañada prisión para protegerla de posibles intentos de saquear el equipo. Estos oficiales trabajaron muchas horas extras por varias semanas, a pesar de una ley en Texas que obliga a los trabajadores a colocar en un banco sus primeras 240 horas de sobretiempo, sin paga, hasta su jubilación. La oficial de custodia Staci Roberts, de 25 años de edad y en estado de embarazo, trabajó muchas horas de sobretiempo asignado al banco para ayudar durante la seria situación que enfrentaba Beaumont.

"Los prisioneros sabían que no había suficiente cantidad de oficiales y que nuestro tiempo de reacción a sus acciones podría ser más lento que lo normal", Roberts recuerda. "Para hacer la situación más difícil, ellos tampoco tenían ningún tipo de recreación para reducir el estrés, y además hacía muchísimo calor. El segundo día, me enteré de que no habría comida para los oficiales de custodia. Afortunadamente, AFSCME llegó con un gran camión lleno de comida y nos cocinaron pollo, chorizos y hamburguesas. Ellos se aseguraron de que tuviéramos suficiente comida".

Añade Stewart, "Las unidades contaban con el doble de prisioneros que lo habitual, y con solo la mitad de los oficiales; así, la comida nos resultó muy sabrosa".

    — Joyce Winslow

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